Lo que usaban las mujeres en sus trabajos en 1912 y lo que usan hoy: ¿qué ha cambiado?

Hace unos 100 años, las mujeres en sus lugares de trabajo se veían un poco diferentes a como se ven hoy en día. Pero muchas de las prendas básicas a la hora de vestirse para ir a la oficina permanecen en la actualidad.

La autoridad de la época en columnas de moda era Anne Rittenhouse, cuya columna “What the Well-Dressed Woman is Wearing” hizo una lista que cada “chica trabajadora” debía seguir. (Su columna apareció en más de 100 periódicos durante todo el siglo XX).

Deirdre Clemente, profesora de la Universidad de Nevada, ha dedicado su carrera a hacer la crónica de la evolución de la vestimenta de las mujeres. Clemente dice que muchos de los puntos de Rittenhouse sobre vestimenta profesional —cómo vestirse, colores, versatilidad y mucho más— se derivan de la influencia de las mujeres trabajadoras que iban a las oficinas a principios del siglo XX.

Entonces, ¿cómo se aplicarían las reglas de Rittenhouse en el (aún confuso) mundo de la ropa femenina para trabajar?

Sigue el manual de estrategia de vestimenta para los hombres

Los hombres siempre han tenido un uniforme simple: camisas con botones, chaquetas y zapatos formales. Rittenhouse recomienda a sus lectoras copiar ese uniforme para construir un guardarropa de prendas básicas intercambiables. Sus sugerencias son un poco anticuadas —un sombrero elegante, un cuello con volantes y una capa superior no cuadran en 2017— pero su guía para la vestimenta de las mujeres aún funcionan.

Estar siempre preparada para eventos después del trabajo

Si vas a salir a cenar después del trabajo, Rittenhouse les aconsejaba a las mujeres trabajadoras ya sea vestir muy formalmente o (y este es “el mejor plan”, escribe ella), mantener un escondite secreto de blusas y otros accesorios en la oficina para después del trabajo.

Clemente dice que esto apunta nuevamente a la gran movilidad que los trabajos provocaron en la vida de las mujeres. Escritoras como Rittenhouse sabían que las mujeres tenían vidas sociales tanto fuera de sus casas como fuera de sus trabajo.

El vestido negro es tu mejor amigo

Según Clemente, los colores en los guardarropas de las mujeres siempre han sido controversiales, pero en ese momento eran prohibidos. Rittenhouse pudo haberles aconsejado a sus lectoras no usar colores para evitar peligros prácticos (si riegas café en un vestido amarillo, ¡qué horror!), pero sobre todo era una advertencia contra las connotaciones negativas. (A principios de 1900 la gente aún asociaba los colores como el rojo con “mujeres de la noche”).

No seas muy llamativa

“Las empleadas que eligen prendas llamativas se están excluyendo de salir de una buena posición”.

¡Oh, aquellas mujeres trabajadores y sus presupuestos! “Son demasiado propensas a comprar cosas que no van a durar y a usar algo que no va a durar”, escribió Rittenhouse en su columna.

Echa un vistazo en tu oficina y mira la cantidad de blusas harapientas de H&M y tacones raídos de moda rápida… no mucho ha cambiado, Anne.

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